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¿Recuerdas la primera vez que viajaste en avión? Todos ponemos suma atención a las instrucciones de seguridad de las azafatas. Pero ¿qué de la última vez que viajaste? ¿Tan siquiera escuchaste una palabra de lo que dijeron? Y aún si nunca te has subido a un avión seguro has visto en películas o programas de televisión cómo las azafatas dan instrucciones de qué hacer en caso de emergencia.

Una de las instrucciones que más me sorprendió la primera vez que la escuché fue la de primero debes de ponerte la mascarilla de oxígeno tú, y luego ayudar a los que no pueden hacerlo por sí mismos. ¡Me pareció sumamente egoísta! Se supone que debemos ayudar a otros por encima de nosotros. Poner a los demás primero. Ser esa persona que se sacrifica por otros… pero después de pensarlo por un momento y superar mi complejo de súper héroe entendí la lógica. ¿Cómo puedes ayudar a otros si tú mismo no puedes respirar? ¿A cuántas personas puedes ayudar sin tener tu máscara de oxígeno? ¿A cuántos puedes ayudar si tú puedes respirar bien?

El mismo principio aplica en el liderazgo. Para liderar a otros, primero te tienes que liderar a ti. Si quieres que la gente a tu alrededor crezca, primero debes de crecer tú. Porque al crecer tú estarás en mejor posición para llevarlos a ellos más lejos. Sí, las personas a tu alrededor son tu responsabilidad, pero también tú lo eres. ¡No te olvides de ti!

Una de las mejores formas de liderarte a ti mismo es trabajar en tus hábitos. Si logras tener la disciplina de tener hábitos sanos que te hace mejorar estrás en un excelente camino hacia liderarte. Todos tenemos áreas donde sabemos que podríamos ser mejor, pero nos cuesta. Ahí es donde viene la ventaja de crear hábitos, es decir, repetirlo y hacerlo hasta que se vuelve algo natural para nosotros… pero para eso necesitas otro elemento: Disciplina. Pero no te preocupes, aquí te damos unos consejos de cómo mejorar tu disciplina:

  • Selecciona tus prioridades. Piensa en dos o tres áreas de tu vida que son las más importantes para ti. Anótalas junto con las disciplinas que tienes que desarrollar para crecer y mejorar en esas áreas. Desarrolla un plan para hacer de las disciplinas una parte diaria o semanal de tu vida.
  • Haz una lista de las razones. Tómate tu tiempo para anotar los beneficios de practicar las disciplinas que acabas de escribir. Después coloca la lista de los beneficios en algún lugar donde la puedas ver diariamente. En los días que no quieras continuar, vuelve a leer tu lista.
  • Desecha las excusas. Escribe cada razón por la que no serías capaz de continuar con tus disciplinas. Léelas todas. Necesitas descartarlas como excusas que son. Aun si una razón pareciera legítima, busca una solución para vencerla. No dejes que ninguna razón te haga desistir.

Cada día que despiertes, recuerda la mascarilla de oxígeno del avión. Primero tienes que respirar tú bien para ayudar a los demás. Primero tienes que liderarte a ti mismo para liderar a los demás. Practícalo cada día. Es un camino que tomará tiempo, pero es el único efectivo que te llevará a un verdadero éxito como líder. ¡Tú puedes!